The High Llamas – Can Cladders (Drag City)

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01.03.2007 | Escrito por Carmen Duarte

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The High Llamas es básicamente el proyecto de Sean O’Hagan. Y O’Hagan -irlandés- parece pertenecer a una cofradía británica atemporalmente pastoril, con esos músicos que se escapan a la campiña y tienen sensibilidad silvestre-alucinógena de grandes espacios abiertos, tal como los ingleses Nick Drake o The Clientele. Por eso no es ninguna sorpresa que en este, su octavo disco, The High Llamas salude en un gesto encantador a los ríos y las montañas entre panderetas.

Su penúltimo disco, Beet Maize & Corn (Drag City, 2003), había alejado a The High Llamas de la homogeneidad de sus trabajos anteriores y borrado casi todo rastro de sintetizadores y lounge music. Resultado: calidez a punta de guitarras, violines y armonías vocales -con la ayuda de la fallecida Mary Hansen de Stereolab, entre otros personajes-. Cuatro años después, Can Cladderssigue esa orientación con variaciones. Apacible, aquí el ritmo es mínimo con baterías sin platillos ni bombos, cuerdas omnipresentes y guitarreos de cámara. Entre banjos, teclados que se comen las baterías y xilófonos de swinging London, el disco nunca llega a un climax y ninguna canción resalta por su potencia. El máximo golpe de efecto son los coros femeninos de ‘Winter’s day’ que llegan a extremos soul. Parejo y relajante, este álbum es un bloque de sonido que va desarrollándose en actos quitados de bulla. Por eso no es casualidad que O’Hagan haya sido eternamente comparado con Brian Wilson y él le rinda tributo a Burt Bacharach. Como toda obra elaborada por un maestro del pop, Can Cladders rebosa premeditación y alevosía, con la elegancia de no pasarnos el peso de la composición a quienes escuchamos, pero con la prolijidad evidente de un trabajo que tomó años armar. Ligero, durante todo el transcurso de lo nuevo de The High Llamas éste irradia una despreocupación que invita a ponerse una túnica que flote y correr por el pasto mojado con un fondo de colores.

O al menos eso piensa una cuando escucha tanta hermosura sesentera mientras hace el aseo y mira por la ventana esta ciudad inmunda. Fantaseando -plumero en mano- con esos parajes donde The Clientele va drogarse y que The High Llamas parece tributar con tanta gracia. Un disco para volver cualquier actividad rutinaria y detestable en un agrado.

Comentarios ///////////////////////////////////////////////////

  1. andres says:

    me tinca…alla vamos!

  2. Sean sigue haciendo el mismo disco de siempre, pero como hace tanto que no lo escucho que lo encontre bien bueno..jejeje

  3. morgan says:

    esta buenisimo !!!!!!!!!!!!!!´
    debe ser porque es el paralelo masculino de stereolab

  4. walter says:

    Los dos post anteriores que he leido acá son absolutamente livianos y dan cuenta de una escucha muy superficial de la obra de The High Llamas. Desde su anterior disco “Beet, Maize & Corn” (creo que es el mejor de su discografía junto con “Gideon Gaye???) que el grupo de Sean O’Hagan ha mutado en su forma de hacer canciones. Hace rato que ya dejaron de repetir el formato de banda pop con tecladitos análogos, para dar paso a obras con énfasis en lo acústico y orquestal, incluso, alejándose de esa aura Wilsoniana que siempre los ha acompañado, demostrando una verdadera maestría en los arreglos de cuerda y bronces.
    Lo de “paralelo masculino de Stereolab??? no me queda tan claro. Yo creo que la relación que existe entre estas dos agrupaciones es de mutua influencia; O’Hagan viene colaborando con Tim Gane desde los tempranos tiempos de McCarthy, y le ha ayudado a hacer muchos de los arreglos de sus discos con Stereolab. De hecho, discos como “Mars Audiac Quintet??? o “Emperor Tomato Ketchup??? no serían lo que son sin su aporte.
    Disculpen, pero creo que no se ha valorado bien la última etapa de uno de mis grupos pop favoritos de todos los tiempos. Creo que sus discos requieren dedicación y apreciación; no es fácil llegar a hacer lo que ellos hacen, sobre todo considerando que no dan crédito a ninguna moda o tendencia pasajera. Ellos se han inventado un mundo propio y para nada intrascendente. Así que vámonos lavando las manitos antes de escribir comentarios al azar.

  5. marcelo mena says:

    Claro. Las exploraciones wilsonianas de Sean O’hagan, con varios discos mas que la etapa experimental de Wilson demuestran que a veces supera al maestro. Sus influencias son fuertes, pero me van a decir que Snowbug no se para tan bien con Good Vibrations? Creo que la huella de Sean, tanto como por sus composiciones propias, como así tambien sus arreglos en otras bandas.

    Sean sigue buscando la canción pop perfecta. Y va por el camino correcto.

    How many times have you been to mexico?

  6. píxel says:

    Magnífico, Walter.

  7. Deivid says:

    Beet Maize and Corn debe ser uno de los discos más elegantes y sofisticados que he escuchado en mi vida. Y deben estarlo tambien en la historia de la música. Concuerdo plenamente con cada palabra y punto que escribió Walter, y solo agregaría algo más: Ni Stereolab, ni The High Llamas, y mucho menos Imitation Electric Piano serían lo que son sin la influencia mutua entre sus integrantes… nada de versiones masculinas de esto, ni lados b de lo otro, son tres bandas totalmente diferentes que no necesitan de ipods, myspace ni un otro instrumento cibernetico para derrochar identidad propia durante años!

    Saludotes!

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